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martes, 28 de agosto de 2018

El amor es ciego y la locura le acompaña (Anónimo)

[Cuento - Texto completo]
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: “¿Jugamos al escondite? “. La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: "¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?"
- Es un juego -explicó la Locura- en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar empezaré a buscarles. El primero que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que termino por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse (¿para qué, si al final siempre la hallaban?), la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiera sido suya), y la Cobardía prefirió no arriesgarse...

- Uno, dos, tres… - comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Pereza que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza; que si el bajo de un árbol, perfecto para la Intimidad; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una ráfaga de viento, magnifico para la Libertad. Así que termino por ocultarse en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo, pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira!, en realidad se escondió detrás del arco-iris), y la Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes. ¿Y el Olvido? Se me olvidó dónde se escondió…
Cuando la Locura contaba 999.999, el Amor todavía no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

- ¡Un millón! - contó la Locura y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue la Pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la Fe cantando a Dios en el cielo. Y a la Pasión y al Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir donde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; él solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos: el Talento entre la hierba fresca, la Angustia en una oscura cueva, la Mentira detrás del arco-iris y hasta el Olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.

Pero el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover los ramos, cuando de pronto se escuchó un grito de dolor. Las espinas habían herido en los ojos al Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra, el amor es ciego y la locura lo acompaña siempre.



martes, 22 de mayo de 2018

Al otro lado (Anónimo)

[Cuento - Texto completo]
Nunca me han gustado los espejos. De pequeña, me parecía curioso cómo un simple fragmento podía reflejar todo nuestro mundo y a nosotros mismos con lujo de detalles, era maravilloso, mágico. Luego, esa sensación fue convirtiéndose en un presentimiento mucho más oscuro. Mi abuela solía decir que los espejos son portales hacia otro mundo, un mundo que no conocemos y que no estoy segura de que quiera conocer.

Por eso he procurado mantenerlos al mínimo en casa. De hecho, solamente hay uno en el baño. Es pequeño y lo uso estrictamente de día, para mirarme con la luz del sol. Pero no demasiado.

Nunca me miro demasiado.

Y es que, cuando te estás arreglando frente al espejo y te ves a ti mismo en esa extraña dimensión, ¿no tienes la sensación de que te están observando? ¿Que ese otro tú al otro lado de esa delgada barrera, no eres tú, si no alguien que ha venido para suplantarte?

Yo he sentido lo mismo desde que era niña y puede que digas que estoy loca, pero estoy segura de que es cierto. Aunque nunca se lo he confiado a nadie, claro está.

Me gusta pensar que este es sólo nuestro secreto.

Comencé a sospechar como a los seis años, una noche en la que me preparaba para ir a dormir. Me cepillaba el pelo como de costumbre frente a mi pequeño tocador, mirándome de manera inofensiva. Recuerdo que me gustaba mucho verme en el espejo, me consideraba una niña bonita y mis padres siempre me lo decían. Con mi carita de muñeca y mi largo pelo castaño.

En ese momento sonreí y mi reflejo hizo lo mismo, pero su gesto era diferente. Creí percibir una pizca de malicia en el modo en que esos labios se curvaron hacia arriba, mientras mis propios ojos me observaban con burla, como si mi otra yo supiera algo que yo desconociera.

Me miré con más atención y entonces, un escalofrío recorrió mi columna vertebral.

Porque sí, esa niña en el espejo se parecía muchísimo a mí, pero no era yo. No sonreía de la misma manera. Y definitivamente, se demoró un segundo haciéndolo cuando mis propios labios volvieron a formar una línea recta, mientras yo empalidecía por mi horrible descubrimiento.

Ahora, quien me devolvía la mirada era una chiquilla sumamente asustada, pero hasta en eso me parecía que se estaba burlando de mí.

Le gustaba imitarme.

Es por eso que odio los espejos. Porque siento que mientras más de ellos haya en casa, más oportunidades va a tener de suplantarme y no pienso darle el gusto. Sé que sigue en el pequeño espejo del baño, vigilándome, buscando una oportunidad para poder entrar. Dejando correr el agua por las noches o levantando la tapa del inodoro para que yo entre por fuerza y pueda atraparme.

Pero siempre ignoro esos ruidos, porque sé cual es su propósito. Y no va a lograrlo.

No vas a lograrlo nunca, ¿me entiendes?

Mi reflejo parece sonreír, desafiante.


jueves, 3 de mayo de 2018

Una historia sin sentido (Anónimo)

[Cuento - Texto completo]
El cielo se abrió y la Luna quedó al descubierto. Una piedra lanzada desde una gomera le había producido una hendidura y ahora la grieta se hacía cada vez mayor.
Poco tiempo pudo aguantar y la herida terminó por matarle. El hoyo producido se fue extendiendo y el contenido que rellenaba la roca blanca se vertió sobre el planeta.

En la Tierra, la gente brillaba con distintos colores, cada uno reflejando sus sentimientos.
Pero, al mirar al cielo, todas cambiaron y se mantuvieron en dos colores, el del miedo y el de la preocupación.

La gente corrió en una vorágine extrema. Era un mar de luces naranjas que se movían por doquier, intentando escapar de su destino. De negras a naranjas fueron alternando, produciendo un espectáculo hermoso visto desde el espacio.

La Luna se seguía vaciando, su líquido blanco, espero e inodoro caía en forma de catarata a la tierra y cubría el suelo deborando todo a su paso.
Sin embargo, al ser tragadas por el contenido del satélite, las luces cambiaron de color de negro o naranja a un blanco más brillante que el propio medio donde se encontraban.
Sorprendidos porque sus luces no se habían apagado, estaban como flotando en aquella sustancia. Podían ver y respirar dentro de ella y para moverse debían nadar, pero si no lo hacían, no se hundían.
Algunas personas cambiaron su luz y comenzaron a brillar con un tono amarillento que nunca habían experimentado. Al tener ese tono, sus cuerpos descendieron al suelo y pudieron moverse libremente.
No pasó mucho hasta que entedieron lo que sucedía. El Sol, al observar la situación, se mutiló para que parte de su escencia caiga a la Tierra y salve a las personas.
El Sol se fue apagando poco a poco, a medida que la Tierra volvía a la normalidad.
Muchos perecieron, incluyendo aquel que provocó la herida a la Luna.

El maná del astro fue desaparecieron hasta que la estrella perdió todo su color. Sin embargo, no se perdió, sino que pasó a todos los humanos del planeta que ahora brillaban la intensidad del Sol.
Los hermanos habían desaparecido físicamente, pero sus escencias se fusionaron con las almas de los supervivientes.
Cada uno ahora poseía el poder de hacer crecer los cultivos, de dar calor y frio, de dar brillo y oscuridad, de reconfortar el día y de deslumbrar a su alrededor. En mayor y menos medida, cada ser humano poseía la magia del Sol y de la Luna en su interior.
El brillo y los colores continuaban, pero ahora alternaban entre dos, el blanco y el amarillo.
Los sobrevivientes no fueron muchos, sin embargo, gracias a lo sucedido, los cultivos, la ganadería, la pesca, la calidad de vida en general, aumentó para los que permanecieron de pie.
Cada persona se había convertido en un Sol y en una Luna en si mismos, no solo eso, sino que la mismísima Tierra, el propio planeta, también comenzó a brillar dándo origen a nuevas posibilidades, nuevos frutos, nuevos animales, nuevas comidas y nuevas ideas.

El brillo los mantenía con vida, era su esperanza y su alegría. Aquella era comenzó desde aquel día y se la conoció como la “Era de la grandeza”.


Fuente: http://humorpensante.com/2017/07/13/una-historia-sin-sentido/